¿Qué es la Medicina Biorreguladora?

La Medicina Biorreguladora, también llamada Homotoxicología, es un concepto médico basado en el estudio de los efectos producidos en el ser humano por diversas sustancias patógenas (denominadas “homotoxinas”) y en la utilización de sustancias medicinales en micro- o nano-dosis, para favorecer la autorregulación del organismo humano.

 

La normativa europea y española por la que se rigen, clasifica los medicamentos biorreguladores como medicamentos homeopáticos. Sin embargo, a diferencia de los medicamentos homeopáticos clásicos, en los medicamentos biorreguladores la concentración de principios activos es mayor. Estos medicamentos biorreguladores ayudan, sobre todo, en la detoxificación, inmunomodulación, apoyo celular y orgánico. Sin embargo, sí comparten con los medicamentos homeopáticos el origen de las sustancias, pudiendo ser de origen vegetal, mineral, orgánico o químico, con dosis similares a las de muchas sustancias ya presentes en el organismo (citocinas, hormonas, neurotransmisores…).

 

El organismo humano es un sistema dinámico sumamente complejo, cuya estabilidad (homeostasis) depende de la interacción de los distintos subsistemas que lo componen. Así, para mantenerse dentro de unos límites fisiológicos, la mayor parte de los procesos vitales son controlados por sistemas retroalimentados (p. ej., la liberación de citocinas, hormonas y neurotransmisores, el equilibrio entre linfocitos Th1 y Th2, etc.).

 

Las intervenciones terapéuticas orientadas a influir, inhibir o estimular estos sistemas de autorregulación, respetando siempre el carácter de control biológico de los mismos, se incluyen en el concepto de Medicina Biorreguladora, en la que se integra la Homotoxicología.

La Homotoxicología es una forma característica de abordar al paciente y su enfermedad.

 

CONCEPTO DE ENFERMEDAD SEGÚN LA MEDICINA BIORREGULADORA

 

Las enfermedades, según la medicina biorreguladora, son la expresión de los mecanismos de defensa que posee nuestro organismo para eliminar homotoxinas, ya sean endógenas (producidas por nosotros mismos, como los desechos propios del metabolismo celular) y/o exógenas (toxinas que son generadas fuera de nuestro cuerpo, por ejemplo, la cafeína).

También podríamos definir enfermedad como la aparición de diferentes signos y síntomas cuando el organismo intenta compensar el daño tóxico que ha sufrido con anterioridad.

 

Los síntomas son sólo el resultado de la actividad defensiva frente a la agresión tóxica. Si, por ejemplo, tenemos una inflamación, en Medicina Biorreguladora tenemos que actuar sobre las homotoxinas que la han desencadenado y eso se logra regulando la actividad defensiva. Pero si nos limitamos sólo a suprimir los síntomas, tal y como se haría en medicina convencional, mediante la administración de antiinflamatorios, es como si para hacer desaparecer un iceberg lo empujáramos bajo el agua, esperando de esa forma librarnos de él. En el momento que dejemos de empujar, el iceberg reaparecerá. Éste es un ejemplo gráfico que sirve para explicar las recidivas (recaídas) en medicina convencional. Por esta razón, la supresión de la fiebre en las infecciones virales parecerá eficaz a corto plazo pero, a largo plazo, hará incrementar la carga viral, ya que bajar la temperatura no permite a las citocinas (proteínas generadas por células del sistema inmune que luchan contra el virus) trabajar.

 

El sistema defensivo tiene múltiples recursos de respuesta ante agentes patógenos y cargas tóxicas: inmunológicos, enzimáticos, hormonales, etc. El bloqueo de estos mecanismos de regulación propios del organismo conduce a enfermedades crónicas.

Por poner otro ejemplo, si suprimimos una inflamación que el organismo haya desencadenado para eliminar las toxinas presentes en los tejidos (toxinas tisulares) y sus efectos nocivos, estamos bloqueando un proceso depurativo y, por tanto, perdurarán los efectos de esas toxina; que no sólo se conformarán con dañar la matriz extracelular, sino que acabarán penetrando en el interior de las células y causando un daño mucho más profundo.

 

Nuestro cuerpo es inmensurablemente sabio y toda reacción del sistema inmunitario, en la mayoría de las situaciones, se da en la proporción necesaria para alcanzar los objetivos buscados:

 

• Eliminar las homotoxinas y la interacción negativa de las mismas con la célula y su medio.

• Restaurar la homeostasis.

 

Como resumen y conclusión de lo expuesto, desde el punto de vista de la Homotoxicología, la enfermedad está causada por la reacción del organismo ante la presencia de las toxinas. Lo que identificamos en medicina como síntomas clínicos de una enfermedad es lo que aflora tras la reacción del sistema defensivo ante el ataque. Esto quiere decir que la enfermedad no es sólo la presencia de tales síntomas, sino que éstos deben ser contemplados como la evidencia de que el sistema defensivo ha entrado en funcionamiento.

Por eso, mientras los síntomas clínicos sean afrontados sólo como una amenaza a la calidad de vida del paciente y los tratamientos se dirijan únicamente hacia la supresión de estos síntomas, los resultados sólo serán aparentes y realmente estaremos ignorando las posibilidades terapéuticas para afrontar a largo plazo la curación.

 

 

Un tratamiento biorregulador tiene en cuenta no sólo los síntomas, sino también las homotoxinas implicadas en la aparición de la enfermedad, y se basa en la estimulación del propio sistema defensivo orgánico para que pueda vencer a las causas auténticas de la enfermedad. Será por tanto un tratamiento de regulación, nunca de supresión.

 

 

Sara García Cacho

Fundadora de Fisioterapia Holística

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